¿Tienen la solución a un problema que yo tengo?
Está contestada cuando
- El cliente nombró el problema con sus propias palabras, y al nombrarlo quedó claro qué le molesta de su situación actual.
- Entendimos la causa, no solo el síntoma. Un dolor de espalda puede venir de una hernia, de un riñón o de la postura: el síntoma es el mismo, el especialista es distinto, y hasta no saber la causa no sabes a quién llamar. Con el problema del cliente pasa igual: si las ventas cayeron por el producto, por el precio o por el equipo comercial, lo resuelven tres consultoras distintas.
- Quedó dicho, por él o por nosotros, que un problema con esa causa es de los que resolvemos. Mientras no se diga, la conexión existe solo en nuestra cabeza.
Falsas señales de respuesta: parece contestada, y no lo está, cuando
- El problema lo dijimos nosotros y él asintió. «Sí, tienes razón» puede ser educación. Una junta así se siente productiva, pero lo que tenemos es solo una hipótesis.
- Nos quedamos en el síntoma. Sabemos que las ventas cayeron, pero no por qué. Y sin el por qué no podemos afirmar que es un problema que nosotros resolvemos.
Y hay una trampa que viene antes de todo esto. El cliente va a pedir que le presentemos lo que hacemos antes de contar su problema: «cuéntame qué hacen». Así empiezan la mayoría de las juntas. Pero si cedemos, nunca llegamos a saber si tiene un problema que resolvemos. La salida es proponerle el otro orden y decirle por qué le conviene: «Para no hacerte perder el tiempo y asegurarme de que lo que te presente sea relevante para ti, déjame preguntarte antes: ¿qué te llamó la atención para aceptar esta reunión? ¿En qué sospechas que lo que hacemos podría serte útil, y para resolver qué?»












